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A punta de blancos y negros llegamos a la cultura de la cancelación.

  • Foto del escritor: Riverlight Project
    Riverlight Project
  • 3 jul 2020
  • 2 Min. de lectura


El avance en la diferentes luchas e intentos de reivindicación de poblaciones minoritarias, históricamente oprimidas y en contra de comportamientos que resultan reprochables está en auge, algo que celebro en todas sus formas en especial porque he sido directa beneficiaria. A partir de lo anterior, muchos nombres, trabajos y contenido han sido eliminados por desafiar de alguna manera los valores y principios que se defienden.


Sin embargo, en muchos casos este movimiento y discurso ha pasado a un espectro donde siento la sanción, en este caso la llamada “cancelación” tiene que ser analizada, ojalá de manera individual y personal. Y aquí quiero ser enfática, me refiero al consumo cultural y a las respuestas que se dan por redes sociales ante comentarios que caen en este amplio espectro de fallas éticas. No pretendo justificar a los personajes en cuestión de ninguna manera sino invitar a dar una respuesta concienzuda.


Si fuese por hacer lo políticamente correcto de forma estricta, cancelaríamos a Coco Chanel por su relación con los nazis, a los filósofos clásicos griegos por esclavistas y machistas y a J-Balvin por existir más allá de ciertas canciones.


El tema es que eso no tiene mucho sentido sin examinar el contexto en primer lugar. Es como si yo borrara la obra de mi abuelo, conservador como él solo y criado en un ambiente de catolicismo que raya lo tóxico. Un tipo que se fue su casa siendo un niño para buscar una vida lejos de la pobreza de su casa y que se hizo a pulso con dos años de escuela. A él le reconozco su berraquera siempre pero no admito sus comentarios homofóbicos o clasistas (que ironía) que nunca faltan cuando nos sentamos cenar.


Bueno, ahora supongamos que el personaje tiene a la mano herramientas que le alcanzan para tener una postura más amable ante los demás, ¿ahí si tengo que cancelarlo, no? Si eso es lo que su conciencia/razón/ética le indica, adelante.


El otro asunto surge cuando hay una pieza y obra admiro pero la hizo Sultanito que definitivamente no va con mis valores. Ahí sí que el universo me ilumine porque ninguna respuesta es correcta. La obra y el autor no se pueden separar, los seres humanos dejamos parte de lo que somos cuando creamos, el tema es que el ingenio y las partes más oscuras aprenden a convivir dentro de la misma persona y en su mayoría somos más parecidos a Pantone, con mil colores, escalas e intensidades en el interior. A la hora de emitir un juicio, uno hace el balance y decide qué pesa más sin desconocer otros espacios.


Encuentro que más allá de que el problema resida en cultura de la cancelación, mi inquietud nace en la lógica maniquea con la que vivimos, algo es bueno O es malo. Los binarios y las categorías son útiles para comprender el mundo de los fenómenos naturales y la ciencia pero están lejos de comprender a los seres humanos.


 
 
 

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