Todo cambia... hasta Miss Universo
- Riverlight Project

- 26 dic 2018
- 3 Min. de lectura
-Imagen de Miss Universo (vía Televisa).
La mayoría de mujeres entre la generación de mis papás y la mía crecimos expuestas a la emoción que suscita un concurso de belleza como Miss Universo. A los cinco años, chiquita y comiendo crispetas, nadie me dijo que hacer un escalafón del físico de féminas de distintos rincones del mundo era algo susceptible de reproche. Lo normal era apoyar a Colombia y que pequeñas e inocentes, que deseáramos tener esa corona o que al menos la representante de nuestro país la consiguiera. En ese momento el tema del feminismo y el empoderamiento de la mujer no estaba en el radar.
Hoy, tengo clarísimo que así tuviera el cuerpo y la plata no me metería en ese rollo ni a palo.Por supuesto, casi 15 años y una buena dosis de cuestionamientos después puedo decir que estos concursos son un arma de doble filo, y como todo en la vida (y en mi carrera):depende.
Es válido pensar que es una plataforma que refuerza estereotipos y que el resultado ni siquiera responde a la estética si no a las dinámicas políticas y económicas que están detrás de cada candidata. La cosa es que, al mismo tiempo también hablando de una organización que hace e incentiva la filantropía, la aceptación de la diversidad étnica como parte del ideal de belleza y la formación de mujeres que aparte de ser esbeltas tengan algo que ofrecer con su mensaje.Entonces, Miss Universo no es bueno ni malo per se, y aquí me disculpo si les fallé como feminista.
Para mí, es un plan sentarme un domingo por la tarde con mi familia o con amigas a seguirle la pista a la vieja más chusca, la que pudo hablar en su lengua materna y terminó enredándose en inglés o a las bobadas de Steve Harvey. Personalmente aprendí a no acomplejarme con el tema, como dice una frase bien trillada “la belleza de la otra no me quita nada a mí”.
Habiendo aclarado mi punto de vista, les dejo lo que me quedó del concurso de este año:
*El paradigma de belleza hegemónica va cambiando, el top 10 quedó entre Sudáfrica, Vietnam, Filipinas, Puerto Rico, Curacao, Tailandia, Canadá, Venezuela, Costa Rica y Nepal. Las finalistas de este año no era solo latinas con rasgos europeos -como muchas de las venezolanas que han ganado y la anterior MU, señorita Sudáfrica-. El jurado y la empresa detrás del concurso se fueron por una belleza más propia del trópico, la señorita Sudáfrica y Venezuela, que no ganaron pero fueron parte del trío final, parecen un par de amazonas. Altas, morenas, de ojos y cabello negro azabache.
*Steve Harvey va a seguir mientras de algo de qué hablar. Aquí no hay mucho que hacer, el man puede decirle a la representante canadiense que es mejor que se dedique al modelaje y ya (cuando la vieja es ingeniera y se siente muy orgullosa de eso)
*Las preguntas van avanzando:
A Puerto Rico le preguntaron sobre la importancia de la libertad de prensa.
Vietnam tuvo que responder si el movimiento #MeToo se había excedido
A la ganadora de la noche, Filipinas, le preguntaron cuál era su opinión acerca de la legalización de la marihuana.
La pregunta para la señorita Sudáfrica fue algo así como ¿cree usted que los países deberían limitar el número de refugiados a los que les permiten cruzar sus fronteras?
A Venezuela le pidieron comentar que le diría a alguien que piensa que los concursos de belleza son arcaicos y van contra el movimiento feminista.
*Es la primera vez que una mujer trans participa. Miss España, Ángela Ponce, a pesar de no haber pasado los filtros consiguió un espacio exclusivo para darle visibilidad a las problemáticas que viven los y las transgénero.
*La amabilidad es más importante que la belleza. La señorita Colombia de este año la embarró con ganas. No le bastó con cuestionar abiertamente la participación de Ángela Ponce, si no que también participó en comentarios que rayan en lo racista al referirse a el hecho de que habían mujeres como Miss Vietnam y Miss Camboya que no hablaran inglés fluidamente.
En conclusión, puede que no esté 100% de acuerdo con lo que ocurre, pero estoy muy contenta con el giro que este tipo de concursos está tomando. Claramente aún están lejos de acabarse, pero al menos ya están tomando solidez, adaptándose a una época donde la esencia vuelve a tomar importancia.



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