PÓNGASELO
- Riverlight Project

- 26 oct 2018
- 2 Min. de lectura
Hoy no hablo precisamente desde la moda.
Yo soy una mujer que nació, creció y pasa un cuarto del año en tierra caliente, por simple comodidad prefiero un par de shorts, vestido o falda por encima de un pantalón rígido la mayoría de las veces.
Cuando llegué a Bogotá hace 3 años supuse que la dinámica capitalina iba a ser bastante distinta. Por simple sentido común las personas prefieren taparse de pies a cabeza, sea por el frío o por el trajín diario.
Lo que me pareció más curioso del asunto es que las pocas mujeres que veo con algo parecido a mis prendas favoritas se iban con medias veladas en lo que se supone es “color piel”. No entendí y la función de esa tela fina decolorada que ni viste ni abriga y que a mi parecer es insípida. Hoy siento saber por qué eligen (u obligan en el caso de las oficinistas) usar ese tipo de prenda y la respuesta es sencilla: miedo en alguna de sus variantes, al verse “mostronas”, a sentirse vulnerables a la mirada masculinas o a que no se vean perfectas, que se vea la celulitis o las várices.
Como buena aprendiz dejé de usar vestidos y faldas por mucho tiempo y ocasionalmente los usé con medias, procurando que estas tuviesen cierto detalle para no aburrirme más de la cuenta.
A lo que quiero llegar con todo este cuento es que de cierta forma dejé de disfrutar pequeños placeres por convención, y es que, aunque el frío es un factor considerable la mayoría de días Bogotá permite usar faldas y vestidos sin mayor problema si se compensa con chaqueta o bufanda.
Hace dos meses me cansé, en santandereano: me mamé de esta vaina. Decidí que me iba a poner lo que quisiera cada mañana mientras me sintiera cómoda.
¿Si me he sentido extraña, observada y descubierta? Sí, pero también he sido más yo. Entre los comentarios, tanto hombres como mujeres me di cuenta de que es un algo bien recibido usualmente. Que muchas quisieran tener la confianza para ponerse algo distinto y emblemático de lo femenino como un vestido, pero no lo hacen por el qué dirán. Al mismo tiempo sienten que el ver a alguien usando algo que aún no se atreven les da algo de seguridad por dos razones: no parecen estar fuera de lugar y la piel, tan ajena a los climas fríos, se vuelve paisaje.
Con lo anterior, lo único que espero transmitirle es la idea de permitirse el disfrute cada pequeña cosa de esta vida a SU manera, es probable que eso le sirva a otro .Que si ello implica no usar maquillaje, aprender a bailar mapalé, volverse vegano, ponerle lentejuela a lo que encuentre, estudiar ese tema que parece tan ñoño. Y como dice sabiamente mi abuelo, "si me quiere ver feliz, haga lo que se le de la gana".


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